Por Ana Jerozolimski
A menudo, cuando a quienes discrepan en forma digna con alguna acción o política de Israel se suman los enemigos que lo presentan en términos casi demoníacos, nos preguntamos si estarán hablando del mismo Israel que nosotros conocemos.
Y volvimos a pensar en eso el jueves de la semana pasada, cuando viajamos a la ciudad de Haifa, en la costa norte de Israel, a fin de cubrir un evento singular organizado por Tzahal, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI): un brindis en honor a sus soldados cristianos (árabes cristianos), por la Navidad.
Ya antes de llegar a la Avenida Ben Gurion en el barrio Moshava Guermanit (Colonia Alemana), divisamos a lo lejos un gran árbol de Navidad iluminado, engalanando la calle para la fiesta. Fue colocado allí por la Municipalidad de Haifa. Al acercarnos y llegar a la rotonda en la que se halla el árbol, nos deleitamos viendo que era solamente un elemento en un hermosísimo mosaico de luces que adornaban toda la calle, divisándose a lo alto el Monte Carmelo.
Logramos estacionar y llegamos a «Beit Hajaial» (La Casa del Soldado), donde tendría lugar el brindis. La escena era surrealista: decenas de soldados vistiendo uniformes de las Fuerzas de Defensa de Israel y luciendo las etiquetas y boinas diversas de sus distintas unidades, conversaban…en árabe. El evento era en su honor, aunque claro está que no todos pudieron llegar.
Y allí estaban, decenas de soldados y oficiales árabes cristianos israelíes, llegados de diferentes partes del país y de variadas unidades, esperando el comienzo de la velada.
Diferentes oficiales se dirigieron a los presentes, tanto de la propia comunidad cristiana, como un Teniente Coronel druso, un civil beduino que llegó a ser oficial y ya está varios años retirado, y el propio Brigadier General Avner Paz, Jefe de Educación en el ejército israelí. «Ustedes me agradecen por haber venido y soy yo el agradecido», dijo Paz-Paciuk. «Estar aquí me emociona y sin duda nada de lo que haya hecho hoy puede ser más importante que estar hoy con ustedes».
Escuchábamos a quienes subían al podio y contaban de sus propias experiencias, y no podíamos evitar pensar cuán diferente es el Israel de verdad, de la imagen oscura que presentan de él sus detractores.
Aprovechamos la ocasión para entrevistar a algunos de los soldados y publicaremos por separado una nota al respecto.
Finalizado el singular evento en «Beit Hajaial», salimos nuevamente a la calle principal, Sderot Ben Gurion. Volvimos a disfrutar de las luces y del singular paisaje. Súbitamente oímos bocinas de varios coches, que evidentemente nadie tocaba para apurar al de adelante sino para llamar la atención y atraer a la gente.
A corta distancia divisamos una caravana de cuatro o cinco coches con jóvenes disfrazados de Santa Claus. Para la gente en la calle era una fiesta, independientemente de su fe. Una familia musulmana, cuya identidad era notoria por la cabeza cubierta de la mujer, se acercó entusiasmada a uno de los coches y la madre quería participar subiendo a uno de sus hijos chicos. «Es que aquí vivimos todos juntos, musulmanes, cristianos, judíos», nos explicó Wael, el padre, cuando nos acercamos a preguntar al respecto. «Somos todos iguales», agregó Nuha, su esposa.
No somos ingenuos. Sabemos que hay problemas y que lejos están las cosas de ser paradisíacas. Pero también muy lejos están, sin duda, de la imagen que los enemigos suelen mostrar de Israel.
El Israel que muchos no conocen
04/Ene/2016
Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski